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Published: May 14, 2008 11:39 am
Colombia Trade Accord stuck in the middle
Maria Elena Salinas - Syndicated Columnist
You can tell when President Bush wants something really, really bad. He brings it up over and over and over again. Every opportunity he’s had, Bush has urged Congress to ratify the Free Trade Agreement with Colombia.
The trade accord has already been negotiated, agreed upon, renegotiated and signed by both countries. But in order to be implemented, it has to be approved by Congress, and the Democratic leadership refuses to do it. So, why are both sides so stuck in their positions?
Here are the two versions: President Bush and the Republicans claim that the agreement will benefit U.S. businesses by allowing their products into the Colombian market free of tariffs, and that it’s necessary to strengthen Colombia so it can fend off the threat of surrounding leftist governments in Venezuela, Ecuador and Bolivia.
Democrats are saying that before approving the Free Trade Agreement with Colombia, the U.S. government needs to take care of its own in this weakening economy and that the government of President Alvaro Uribe in Colombia needs to do more to stem and clarify the assassinations of union leaders.
So, is this really about supporting Colombia and giving U.S. exporters a market in which to sell their products, and about protecting labor laws and human rights in a foreign country, or more of a power struggle between Republicans and Democrats?
Dr. Bruce Michael Bagley, professor of international studies at the University of Miami (Fla.), thinks it’s the latter. Speaker of the House Nancy Pelosi, according to Bagley, wants Bush to accept the Trade Adjustment Act, which would provide training for American workers who might lose their jobs as a result of international trade pacts. And what the president is trying to do is “flex his muscle and embarrass Democrats,” says Bagley.
I don’t know about the “embarrassing the Democrats” part, but Bush certainly did try to flex his muscle. In early April the president put the Colombian Free Trade Agreement on the fast track, giving Congress 90 days to approve it without a possibility of making any changes. But the Democratic leadership did not take the bait. Pelosi was successful in blocking the vote in the House of Representatives by simply changing the rules, and there was nothing the White House could do about it but complain and continue to lobby for the passage of the accord.
In Commerce Secretary Carlos Gutierrez, the Bush administration found its best and most direct cheerleader on this issue. “If Colombians don’t buy our tractors, they’ll buy them from Japan,” he said. “If they don’t buy our wheat, they’ll buy it from Canada, and if they don’t buy our high-tech equipment, they’ll buy it from China.”
The fact is that Colombia already has an advantage over the U.S., under the Andean Trade Preference Act. More than 90 percent of Colombian products enter the United States duty-free, while our exports face tariffs up to 35 percent and even higher for some agricultural products. The new trade accord with Colombia would eliminate tariffs on more than 80 percent of American exports of industrial and consumer goods immediately, and on 100 percent of American exports over time. As for Colombia, besides added relief from tariffs, the new accord would mean big investments by U.S. companies and a stronger political alliance.
But in an electoral year, it’s not likely that either side will give in. Democrats aren’t just worried about union leaders in Colombia being killed, they are responding to pressure from big unions in the U.S. that are opposed to the deal. And who knows what kinds of promises the White House made to Colombia that it cannot make good on. So, for now, Colombia is going to have to stay stuck in the middle of yet another political power struggle between the White House and the Democratic leadership.
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(Maria Elena Salinas is the author of “I AM MY FATHER’S DAUGHTER: LIVING A LIFE WITHOUT SECRETS.” Reach her at www.mariaesalinas.com)
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LA POLITIQUERIA DETRÁS DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO CON COLOMBIA
Es fácil predecir cuando el presidente Bush quiere algo. Lo trae a colación una y otra vez. No pierde oportunidad para hacerlo. Tal como sucede con la petición al congreso para que apruebe el Tratado de Libre Comercio con Colombia.
El acuerdo comercial ya ha sido negociado, ha sido aceptado, renegociado y firmado por ambos países. Pero para ser implementado tiene que ser aprobado por el congreso y los líderes demócratas se niegan a hacerlo. La pregunta es ¿por qué ambos partidos están tan aferrados en sus posturas?
Aquí están las dos versiones: El presidente Bush y los republicanos argumentan que el acuerdo beneficiará a las empresas estadounidenses permitiendo el ingreso de sus productos al mercado colombiano libre de tarifas arancelarias y que además es necesario para reforzar la democracia colombiana amenazada por los gobiernos de izquierda que la rodean, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Los demócratas dicen que antes de aprobar el Tratado de Libre Comercio con Colombia, el gobierno estadounidense debe proteger su debilitada economía y además el gobierno del presidente Alvaro Uribe en Colombia necesita hacer más para evitar y para esclarecer los asesinatos de líderes sindicales.
La inquietud entonces es si esto se trata en verdad de dar a los exportadores norteamericanos una oportunidad de ventas de sus productos, proteger las leyes laborales y los derechos humanos en un país extranjero, o más bien una lucha de poder entre demócratas y republicanos.
El doctor Bruce Michael Bagley, profesor de estudios internacionales en la Universidad de Miami (Fla.), piensa que es lo último. La presidenta de la cámara de representantes, Nancy Pelosi, según Bagley, quiere que Bush acepte el Acta de Ajuste Comercial que proporcionaría entrenamiento a los trabajadores norteamericanos que quizás pierdan sus trabajos como consecuencia de los pactos internacionales de comercio. Y lo que el presidente trata de hacer es “imponer su voluntad y avergonzar a los demócratas,” dice Bagley.
No sé que tan cierto sea que quiere avergonzar a los demócratas, pero Bush efectivamente ha intentado imponer su voluntad. A principios de abril el presidente puso el acuerdo de libre comercio colombiano en la vía rápida, dando al congreso 90 días para aprobarlo sin posibilidad de hacer cualquier cambio. Pero el liderazgo demócrata no mordió la carnada. Pelosi tuvo éxito bloqueando el voto en la cámara de representantes simplemente cambiando las reglas y no había nada que la Casa Blanca pudiera hacer excepto quejarse y continuar presionando.
La administración Bush encontró en el secretario de comercio Carlos Gutiérrez al mejor y más directo defensor del tratado. “Si los colombianos no compran nuestros tractores, ellos los comprarán a Japón,” dijo. “Si ellos no compran nuestro trigo, lo comprarán a Canadá y si ellos no compran nuestros equipos de alta tecnología, lo comprarán a China,” agregó.
Lo cierto es que Colombia ya tiene una ventaja sobre Estados Unidos. Bajo el Acta de Preferencia Arancelaria Andina más del 90 por ciento de los productos colombianos que entran a Estados Unidos están libres de impuestos mientras que nuestras exportaciones enfrentan tarifas hasta del 35 por ciento y más aun para algunos productos agrícolas. El nuevo acuerdo comercial con Colombia eliminaría las tarifas en más del 80 por ciento de las exportaciones industriales y de productos de consumo norteamericanos de manera inmediata y el 100 por ciento para las exportaciones norteamericanas en el futuro. A Colombia además de nuevas ventajas arancelarias, el tratado bilateral le daría un gran aporte en inversiones de Estados Unidos y fortalecería aun más su alianza política.
En un año electoral esta difícil que cualquiera de los dos lados de su brazo a torcer. Los demócratas no solo están preocupados por los asesinatos de líderes sindicales en Colombia, sino que responden a la presión que les estarían poniendo grupos sindicales en Estados Unidos que se oponen al acuerdo. Y en cuanto a la Casa Blanca, quien sabe que promesas le abra hecho a Colombia que ahora no pueden cumplir. Así es que por ahora Colombia se ha quedado atorada en medio de una lucha política mas entre la Casa Blanca y el liderazgo demócrata del Congreso.
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(Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conectese a www.mariaesalinas.com)
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